Un hombre llamado
Gabriel y una mujer llamada
Andrea se casarón muy enamorados y tuvieron un hijo.
Andrea trabajaba muchas horas en un supermercado y
Gabriel terminaba a las 6 de la tarde de trabajar recogía a su hijo
Óscar del colegio , le ayudaba con los deberes, le enseñaba a estudiar, jugaba con él, lo duchaba, hacia la cena, salía a comprar las cosas que se necesitaban en la casa; hacía todo lo que podía en casa para que su mujer pudiera descansar después del trabajo, pero ella nunca estaba contenta con lo que hacía
Gabriel y siempre le ponía pegas, como, si ese champú no es el que se utiliza, esa cena no le combiene al niño, ese juego no es al que debe jugar el niño....
Siempre acababa gritando a
Gabriel y Gabriel procuraba calmarla porque pensaba que venía extesada, agobiada, pero
Gabriel nunca conseguía tranquilizarla sino que le gritaba y le gritaba sin parar.
Un día
Gabriel decidió decirle que se iba a ir un mes a casa de su madre para ver si le iba mejor a
Andrea.
Pronto
Andrea empezó a echarlo de menos y a pensar que quizás
Gabriel lo hacía lo mejor que podía para quitarle trabajo y empezó a reconocer que a lo mejor ella era muy exigente.
Cuando se encontraron al pasar el mes los dos fueron a tomar un café, ella le pidió perdón y le dijo que la echaban de menos ella y su hijo y le prometió no volver a quejarse más y desde allí volvieron a casa.